jueves, 5 de febrero de 2009

Tercer capítulo

- ¿Es que no vas a pedirle ninguna chica para bailar? – me soltó entre risitas.

- No estoy muy convencido de que pueda mover mis pies mientras tengo a una de ellas delante. – le dije.

- Deberías dejar de plantearte el “¿por qué?” y empezar con el “¿por qué no?”.

Se estiró como una gatita y me guiñó un ojo mientras sonreía con su sonrisa torcida. Entonces un chico alto y moreno se acercó a ella y le pidió si quería acompañarle. Sunday se despegó de un salto del sofá y salió corriendo detrás de él mientras me decía adiós con la mano.
Bien, Nils, te has quedado solo. ¿Y esta se supone que debería ser tu noche? Oh vamos, no te engañes, no vas a conseguir articular palabra si te dispones a hablar con alguna de ellas. Metí el último sorbo a mi tequila con kiwi y me levanté para pedirme otro.
Odio esta parte de la noche, cuando toda la gente se concentra en la barra para pedir su dosis de alcohol y te estás horas en la cola para conseguir tu cubata. Volvía ya a mi anterior sitio cuando de repente, me di cuenta de que algo había cambiado desde hacía unos minutos. Justo al lado del sillón donde me había sentado, ahora se encontraba una chica rubia tocándose el pelo. Más concretamente, una de las chicas rubias que habían estado antes sentadas ahí. Hice un trago largo a la bebida y me dirigí hacia allí, dispuesto a decirle algo.
Me senté a su lado y ella me sonrió.

- Hello – me dijo.

- Hola – le contesté en inglés. – ¿Que estás haciendo aquí?

- Oh, solo estoy un poco agotada. Vamos a irnos pronto de Alemania y la faena de la universidad se acumula.

- Ni qué lo digas… ¿Qué estás estudiando? – le solté. Joder, que cagada. Oh vamos, podía ser mucho más ingenioso si me lo proponía.

- Traducción e interpretación. Me es bastante difícil si me encuentro en un país donde no puedo expresarme en mi propio idioma, pero no es un problema. Además, Alemania es muy bonita. – me dedicó una sonrisa. – ¿Estás estudiando tu?

- Sí – le dije. – Estudio periodismo en la otra universidad de la ciudad. Mi padre es periodista, así que bueno, aunque no le vea demasiado supongo que habré heredado algo de él.

Me dedicó otra sonrisa y me dijo tendiéndome la mano:

- Anne.

- Nils.

Estuvimos hablando durante un buen rato. Curiosamente los dos compartíamos cierto parecido en el gusto musical. Me dijo que tocaba la guitarra aunque de momento no sabía mucho. Yo le conté que era músico y que tocaba en pubs de la zona, aunque no aspiraba a mucho más. La conversación fluyó unos minutos más, aunque yo no podía calcular cuanto rato habíamos estado charlando.
Llevaba un vestido rojo pasión que hacía conjunto con el color de su pintalabios. Sus ojos, azules y su tez blanca le hacían parecer una diosa. Le eché una ojeada a su cuerpo vertiginoso y volví hacia arriba, mareado. Entonces se levantó con suavidad y me dijo: “¿Vienes?” A partir de ahí todo sucedió muy rápido. Nos dirigimos hacia la pista y mis pies siguieron los suyos. Sus manos estaban frías aunque no me molestaba para nada y tenía una piel muy suave, moviéndose con total gracilidad. De repente la música cambió, y sonó algo más tranquilo. Me dispuse a ponerme en una posición más cerrada, pero ella sonrió, como si se estuviera riendo de mí. Puso las manos encima de mis hombros y me miró fijamente durante unos instantes y entonces, me besó. Había recibido muchos besos en mi vida, la mitad de ellos ya ni me acordaba y aun así tenía una larga lista de chicas para la otra mitad, pero este era distinto. Me besaba con una magia que en ningún lugar antes había encontrado. Anhelaba cada segundo que había dejado atrás, solo deseaba que no me soltara nunca y tenerla entre mis brazos toda mi vida. Sí, de acuerdo, reconozco que me puse un tanto cursi, pero os juro que un beso así solo lo recibes una vez en tu vida, y justo en ese momento estaba en la cima de mi felicidad.
Anne me soltó cuando se dio cuenta de que me faltaba el aire y me acarició la mejilla con la yema de los dedos. En realidad yo estaba flipando. Tenía delante a la chica más guapa de todo el local y lo único que hacía era quedarme quieto delante de ella. Debía moverme si quería aprovechar el tiempo. La noche es demasiado corta cuando tienes en tus brazos a un monumento así. La cogí de la mano y me la llevé. Sí, lo estáis leyendo bien. Me fui con ella de Da2 y nos instalamos en mi coche. La besé una vez más y le pedí dónde quería ir.

- He venido con el metro, así que tus mandas. – Dudé un instante; ¿que se suponía que debía hacer con una finlandesa? Entonces ella se dio cuenta de mi desconcierto y se acercó otra vez a mí para besarme. Nos llevó un rato volver a la realidad y cuando lo hicimos, soltó esas palabras que hacía rato que esperaba:

- Llévame a tu casa.

No hay comentarios: