miércoles, 4 de febrero de 2009

Segundo capítulo

Sunday me llamó horas más tarde. Le picaba la curiosidad si yo también iba a ir hoy en el encuentro internacional más esperado de los últimos días.

- Hombre, qué raro que no hubieses llamado antes… Bueno, entonces disculpas aceptadas… Sí, voy a sacar la nariz por allí a ver que se cuece… No te rías de mi, solo se lo que Lucas me ha contado… ¿Cómo coño lo hace Marvin para enterarse de todo?... Intento cocinarme algo, pero estoy teniendo serios problemas con la salsa… Sabes que la cocina no ha sido nunca mi fuerte… Ja, ja, que chistosa eres. Anda y piérdete… Gracias, hablamos luego. Si ves humo cerca de mi casa llama a los bomberos… Cuídate, besos.

Es increíble como las mujeres intentan dominar todas las situaciones. Sunday se había puesto histérica al saber que yo también iría al encuentro de las chicas polares. ¿Qué diablos ocurría con todo este asunto que movilizaba a todos mis amigos?
Se me estaba haciendo tarde, tenía que ducharme y arreglarme un poco para no parecer un transeúnte singular. La pasta ya casi estaba y la salsa olía de maravilla. Cogí la cantidad necesaria para alimentar a mi hambriento cuerpo y devoré los espaguetis mientras pensaba en los hechos que nunca podrían ocurrir en mi vida.

La noche llegó enseguida. Me había dado tiempo de todo, o casi todo, ya que los platos se quedaron en la cocina, esperando que alguien los lavase. Habíamos quedado en la entrada de “Da2”, así que cogí mi Golf y marqué en mi GPS rumbo hacia el local. El pobre ya se lo sabía de memoria y no entendía como no me sugería otros lugares donde trasnochar.
Cuando llegué ellos ya estaban allí, y no precisamente solos. Las chicas se habían unido al encuentro y entre ellas Sunday, que me observaba con una mirada juguetona. Esta noche no iba a escaparme de sus burlas. Marvin nos informó de la situación mientras nos dirigíamos hacia la entrada.

- Hace un par de días hablé con Mark, mi amigo que estudia en la otra universidad, y me contó que las chicas del erasmus iban a pasar la noche aquí.

- ¿Viene Mark con nosotros hoy? – pregunté.

- Mark tiene novia, tío. ¿No te acuerdas de esa morenaza que nos presentó una vez? – soltó Jens.

- Era una diosa, joder! – comentó entre saltos Till.

- ¿Y que pasa conmigo, cariño? – dijo Sue, irritada.

- Oh, cielo, tu eres mucho mejor que eso…! – y se lanzó encima de ella mientras todos nos reíamos. Sue y Till eran la pareja más peculiar que había visto en mi vida.

Después de una cola bastante larga conseguimos entrar. Esa noche el ambiente estaba bastante sobrecargado, algo que no facilitaba las cosas y que me hizo bajar mi moral enseguida. Sunday e otra chica fueron a pedirnos la bebida, y volvieron cargadas de vasos con líquidos de todos los colores. Cogí el mío y le eché un sorbo a mi tequila con kiwi. Parecía que el tío se había divertido echando alcohol.
Sunday se acomodó a mi lado y me lanzó una mirada de advertimiento. ¿Qué es lo que quería esta vez? ¿Porqué siempre intentaba protegerme y controlarme como si fuera mi madre? Eso me hizo ponerme de mala uva y mis ganas de pasarlo bien cayeron hasta el suelo, rebotando las unas contra las otras.
Y de repente, llegaron. Debían ser unas diez u once chicas por lo menos, altas, rubias y, por lo que suponía, con los ojos azules. Podía leer en sus miradas la curiosidad de algo nuevo y sus ganas de fiesta irradiaban por todo el local. Marvin se levantó de golpe y se dirigió hacia ellas mientras se peinaba su rizado pelo y se subía el cuello de la camisa. Ellas parecían conocerlo porqué se pusieron a hablar, en inglés por supuesto, en seguida. Algo tenía que reconocer, Marvin era todo un fiera en este tema. Controlaba cada uno de los pasos que debía hacer para tirarse a una chica.
Marvin señaló hacia nuestra dirección y las acompañó hasta nosotros. Todos nos levantamos. Me dispuse a regalar un par de besos a cada una de las chicas y a memorizar sus nombres mientras soltaba un sordo hello a cada una de ellas. Parecían simpáticas, o al menos eso creía. Estuvimos hablando un rato hasta que nuestras cabezas se cansaron de traducir constantemente. Y entonces empezó todo. Christopher se levantó y le pidió a una de las chicas si quería dance, dance con él. La chica sonrió y le cogió de la mano. Instantes después, Marvin se levantó e hizo lo mismo que su compañero, y así Thomas, Jenz y Lucas. Yo me quedé observando como todos se iban. Como no había suficientes hombres, las otras chicas se levantaron en busca de fiesta en otro lugar del local. Till y Sue también se desacomodaron y se dirigieron a bailar. Aun así, Sunday seguía a mi lado y me observaba con curiosidad. Debía mover ficha si no quería pasar la noche solo.

- ¿Es que no vas a pedirle a ninguna chica para bailar?

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