viernes, 6 de febrero de 2009

Cuarto capítulo

Los primeros rayos de sol se filtraron por la ventana y me cosquillearon en la cara. Respiré profundamente y me acurruqué otra vez mientras soltaba algo parecido a un gemido. Creía estar en un estado parecido a lo divino pero aún así no conseguía recordar porqué. ¿Qué es lo que me había llevado a tanta felicidad…? Abrí los ojos de golpe y me incorporé al mismo tiempo. Anne. Me giré a mi izquierda en busca de su cuerpo, pero allí no había nada. Sólo su olor. ¿Dónde estaría? De pronto recordé que tenía la cocina hecha un asco y me morí de vergüenza al pensar que quizás estaría preparándose el desayuno. Me levanté de un salto y la busqué por toda la casa. Nada. Grité su nombre un millar de veces pero nadie me respondió. Eché un vistazo encima la mesa. Había algo que antes no estaba. Me acerqué y pude ver una nota al lado de un bolígrafo azul. Leí la nota sin pensarlo dos veces:

Nils, me marcho. Hoy mismo sale nuestro avión de regreso a Helsinki. No te he despertado antes porqué no quería interrumpir tu entrecortada respiración. Pareces un angelito. Gracias por hacerme pasar esta noche tan especial. Te recordaré siempre, Anne.

pd’ no intentes ir a buscarme, el avión sale dentro de un rato.


Se había ido, así, sin más. Sin ni siquiera decirme adiós. La idea de no volver a verla pasó por mi cabeza como un relámpago ardiente. No volvería a saber de ella nunca más.
Los recuerdos de la noche me vinieron a la cabeza de golpe. Me deshice como el hielo y me dejé caer sobre el sofá. Pasé mi mano sobre la cara unas cuantas veces con la esperanza de que solo fuera un sueño, que solo estuviera soñando y que me despertaría a su lado, cogido a su cálido cuerpo mientras la oía respirar…
Quizás aún estaba a tiempo. Quizás todavía no habían embarcado y a mi me daba tiempo para llegar al aeropuerto. Busqué mi teléfono móvil entre mis ropas y tecleé la A en la agenda. Ni rastro de ninguna Anne. Mierda, no nos habíamos dado ni los móviles. Los hechos habían transcurrido tan rápido que ni siquiera me había planteado separarme de ella. Qué estúpido. ¿Cómo iba a saber yo que se iría hoy y además, sin decir adiós? Me concentré un momento, debía haber alguna solución a todo este tema.
Marvin. Claro, él quizás tenía el móvil de alguna de ellas y así podría saber si todavía estaban en el aeropuerto. Rebusqué en mi agenda y llamé a su número.

- ¿Marvin?

- ¿Qué ocurre, tío? – parecía recién levantado.

- ¿No tendrás por casualidad el número de teléfono de alguna ellas?

- ¿De quién, de las chicas polares? – dijo mientras bostezaba.

- Sí, necesito saber si el avión ha salido ya.

- Tío, llegas tarde. Creo recordar que Kate me dijo que su avión salía a las 14horas. Son las 14:03.

- Mierda…

- Colega, ¿qué ocurre?

Colgué el teléfono de golpe y me vestí de inmediato. Si quería llegar a tiempo al aeropuerto debía apresurarme. Cogí mi cazadora y las llaves del coche y bajé les escaleras con cuatro saltos. Hacía bastante frío en la calle y la nieve empezaba a congelarse. Subí al coche y arranqué de golpe. Todavía podía llegar a tiempo. Estos días los aviones estaban funcionando fatal a causa de los temporales de nieve que habían caído recientemente. Tenía muchas posibilidades de que ese avión siguiera a la espera de sus pasajeros y saliese con retraso.
La idea de volver a verla me embriagó por unos instantes. No podía dejarla marchar, no así como así. Pisé el acelerador con fuerza; todavía estaba a tiempo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

adoro como escribes
unbeso


www.diariofluorescente.blogspot.com