domingo, 1 de noviembre de 2009

Sexto capítulo

- ¡Oh vamos, Nils! ¡No puedes estar todo el día encerrado! Desde que esa chica se marchó no sales de casa, y de eso hace ya más de una semana! Mañana por la noche podríamos ir a ese local nuevo que han abierto, cerca del centro de la ciudad. Till me lo comentó ayer, dijo que te llamase.

- ¿Es que ya pasó de moda Da2?

- No va mal cambiar un poco de aires de vez en cuando. Además, Lucas está preocupado por ti. Mañana te llamo, ¡y si quieres conservar tu integridad física más vale que vengas! – y colgó.

Sunday me había llamado después de una semana sin dar señales de vida. La verdad es que la actividad de estos últimos días se había reducido en estudiar y trabajar. Desde que Anne partió no me apetecía ir a ningún lugar. Se había llevado con ella todo mi entusiasmo, y la idea de salir con mis amigos no me seducía demasiado. Pero algo tenía claro; no volvería a verla hasta dentro de mucho tiempo. Así pues, estaba obligado a razonar y reflexionar para poder salir de esa estrepitosa situación sin algún rasguño.

¿Qué local sería ese del que hablaba Sunday? Quizás podría estar bien y así cambiar un poco la rutina de Da2. Cogí mis apuntes de la universidad y me dirigí a estudiar un rato en el estudio, o al menos intentarlo.

Desde que Anne se marchó no había podido cerrar los ojos en todas mis noches, la buscaba entre sueños y la deseaba por todo lo alto, cogidos de la mano y entrelazados por el pelo. ¿Pero cómo? Se había ido joder, ya no estaba conmigo y su calor había sido tan efímero…
“Oh, vamos, deja de pensar en ella y concéntrate!” Me sumergí de nuevo entre los libros para disipar toda relación de chica polar por un ratito, deliberando a la vez la propuesta que me había hecho Sunday. Quizás el viernes podía estar bien y podíamos pasar un buen rato todos juntos. Y seguro que estaba lleno de chicas, no tan guapas como ella, pero chicas al fin y al cabo.

Cerré el libro y me dirigí a la ducha, pensando todavía en ella. Tenía una corazonada. Algo iba a suceder que daría un rumbo nuevo a todo esto. Lo que yo no sabía todavía era lo mucho que iba a cambiar mi vida en ese local...

domingo, 19 de abril de 2009

Quinto capítulo

El aeropuerto estaba a reventar. Los problemas con los aviones y el temporal habían hecho que se acumulara muchísima gente con vuelos perdidos.
Me centré por un momento. ¿Qué necesitaba? Información. Me situé en el medio del aeropuerto y busqué entre los indicadores algún punto de información. Divisé una i azul al fondo del pasillo. Me apresuré hasta ella y, tras largo rato de cola, me atendió una chica morena con el pelo rizado:

- ¿En qué puedo ayudarle? – me dijo mientras entrecruzaba sus manos.

- ¿Sabe si el avión de las 14horas dirección Helsinki ha salido ya? Es importante saberlo.

- Disculpe un momento que lo consulto. – Eché una ojeada a mí alrededor. El aeropuerto no cesaba su actividad y parecía que todo el mundo tenía algún destino. – Lo siento señor, el avión partió hace media hora.

- ¡Joder!

Era demasiado tarde. El avión había salido ya y no había vuelta atrás. La había perdido, había perdido a Anne. Para siempre. Me senté en la butaca que se encontraba más cerca y hundí mi cabeza entre mis manos. ¿Cómo era tan tonto? Había dejado escapar a la chica más hermosa que jamás había visto y ahora lo único que hacía era resignarme. Eché otra ojeada a la gente. El movimiento seguía con intensidad y la gente iba y venía. ¿Cuántos de ellos habían tenido una vida feliz? Siempre me había fascinado esta pregunta. La multitud, la gente, sabía perfectamente que no estaba solo en este mundo y aún así continuaba pensando solo en mí.
De repente, un señor se sentó a mi lado. Llevaba sombrero y gabardina, y parecía que estuviera esperando a alguien. Sus pies empezaron a moverse rítmicamente y yo los seguí con la mirada. ¿Estaba nervioso? De eso no había duda. ¿A quién estaría esperando? Estaba claro que yo no era el chico menos afortunado en el mundo, había muchísimas personas que habían luchado por conseguir sus sueños y yo, me resignaba a sentarme en una butaca a ver pasar el tiempo. Pero no había manera alguna de volverla a ver, al menos para hoy. Siempre podía ir a buscarla a Helsinki. Pero si quería irme tenía que estar bien preparado. Iba a perder mi empleo e incluso todas las cosas que tenía todavía pendientes aquí. Pero quería ir a buscarla, al menos por esta vez. No iba a desaprovechar la oportunidad, era el momento.
De golpe, un par de chicos rubios con maletas se acercaron a mí.
- Oye – dijo el más alto de los dos en un inglés parecido al de Anne – ¿Sabe si queda muy lejos Remscheid?

Lo miré de arriba abajo. Iba un poco dejado, con toques de estilo surfer, pelo rubio, ojos azules del color del cielo y labios gruesos. Llevaba colgada de la espalda una guitarra enfundada en una funda de color marrón.

- Remscheid queda un poco lejos de aquí, algo más de una hora. Por casualidad, ¿ustedes son escandinavos? – se echaron a reír.

- Qué pasa, ya ni pasamos desapercibidos, ¿no? Somos finlandeses y estamos en una pequeña gira con nuestro grupo. El problema es que nos han dicho que fuésemos hacia Remscheid pero no conocemos el país.

- Finlandeses… ¿Cuanto tiempo van a estar aquí?

- Poco, no mucho más de dos semanas. Vamos a tocar por las ciudades más importantes y nos volvemos. Ya sabes, el oficio de músico no siempre sienta bien.

- Ya entiendo… La única solución es coger un taxi. Os va a resultar un poco caro pero no hay nada más que podáis hacer.

- Ok, lo intentaremos. ¡Gracias, man!

Que tíos más peculiares. A saber qué música tocarían. Me levanté y me dirigí a la salida, no había ya más por hacer. Anne se había marchado, y lo peor de todo, yo la había dejado marchar. Bueno, al menos tengo el recuerdo de la pasada noche, tan mágica, tan inigualable… Pero no era suficiente. La resignación me comió por dentro y me dirigí al coche, dispuesto a dejar atrás esta historia que tanto y tanto me había gustado.

viernes, 6 de febrero de 2009

Cuarto capítulo

Los primeros rayos de sol se filtraron por la ventana y me cosquillearon en la cara. Respiré profundamente y me acurruqué otra vez mientras soltaba algo parecido a un gemido. Creía estar en un estado parecido a lo divino pero aún así no conseguía recordar porqué. ¿Qué es lo que me había llevado a tanta felicidad…? Abrí los ojos de golpe y me incorporé al mismo tiempo. Anne. Me giré a mi izquierda en busca de su cuerpo, pero allí no había nada. Sólo su olor. ¿Dónde estaría? De pronto recordé que tenía la cocina hecha un asco y me morí de vergüenza al pensar que quizás estaría preparándose el desayuno. Me levanté de un salto y la busqué por toda la casa. Nada. Grité su nombre un millar de veces pero nadie me respondió. Eché un vistazo encima la mesa. Había algo que antes no estaba. Me acerqué y pude ver una nota al lado de un bolígrafo azul. Leí la nota sin pensarlo dos veces:

Nils, me marcho. Hoy mismo sale nuestro avión de regreso a Helsinki. No te he despertado antes porqué no quería interrumpir tu entrecortada respiración. Pareces un angelito. Gracias por hacerme pasar esta noche tan especial. Te recordaré siempre, Anne.

pd’ no intentes ir a buscarme, el avión sale dentro de un rato.


Se había ido, así, sin más. Sin ni siquiera decirme adiós. La idea de no volver a verla pasó por mi cabeza como un relámpago ardiente. No volvería a saber de ella nunca más.
Los recuerdos de la noche me vinieron a la cabeza de golpe. Me deshice como el hielo y me dejé caer sobre el sofá. Pasé mi mano sobre la cara unas cuantas veces con la esperanza de que solo fuera un sueño, que solo estuviera soñando y que me despertaría a su lado, cogido a su cálido cuerpo mientras la oía respirar…
Quizás aún estaba a tiempo. Quizás todavía no habían embarcado y a mi me daba tiempo para llegar al aeropuerto. Busqué mi teléfono móvil entre mis ropas y tecleé la A en la agenda. Ni rastro de ninguna Anne. Mierda, no nos habíamos dado ni los móviles. Los hechos habían transcurrido tan rápido que ni siquiera me había planteado separarme de ella. Qué estúpido. ¿Cómo iba a saber yo que se iría hoy y además, sin decir adiós? Me concentré un momento, debía haber alguna solución a todo este tema.
Marvin. Claro, él quizás tenía el móvil de alguna de ellas y así podría saber si todavía estaban en el aeropuerto. Rebusqué en mi agenda y llamé a su número.

- ¿Marvin?

- ¿Qué ocurre, tío? – parecía recién levantado.

- ¿No tendrás por casualidad el número de teléfono de alguna ellas?

- ¿De quién, de las chicas polares? – dijo mientras bostezaba.

- Sí, necesito saber si el avión ha salido ya.

- Tío, llegas tarde. Creo recordar que Kate me dijo que su avión salía a las 14horas. Son las 14:03.

- Mierda…

- Colega, ¿qué ocurre?

Colgué el teléfono de golpe y me vestí de inmediato. Si quería llegar a tiempo al aeropuerto debía apresurarme. Cogí mi cazadora y las llaves del coche y bajé les escaleras con cuatro saltos. Hacía bastante frío en la calle y la nieve empezaba a congelarse. Subí al coche y arranqué de golpe. Todavía podía llegar a tiempo. Estos días los aviones estaban funcionando fatal a causa de los temporales de nieve que habían caído recientemente. Tenía muchas posibilidades de que ese avión siguiera a la espera de sus pasajeros y saliese con retraso.
La idea de volver a verla me embriagó por unos instantes. No podía dejarla marchar, no así como así. Pisé el acelerador con fuerza; todavía estaba a tiempo.

jueves, 5 de febrero de 2009

Tercer capítulo

- ¿Es que no vas a pedirle ninguna chica para bailar? – me soltó entre risitas.

- No estoy muy convencido de que pueda mover mis pies mientras tengo a una de ellas delante. – le dije.

- Deberías dejar de plantearte el “¿por qué?” y empezar con el “¿por qué no?”.

Se estiró como una gatita y me guiñó un ojo mientras sonreía con su sonrisa torcida. Entonces un chico alto y moreno se acercó a ella y le pidió si quería acompañarle. Sunday se despegó de un salto del sofá y salió corriendo detrás de él mientras me decía adiós con la mano.
Bien, Nils, te has quedado solo. ¿Y esta se supone que debería ser tu noche? Oh vamos, no te engañes, no vas a conseguir articular palabra si te dispones a hablar con alguna de ellas. Metí el último sorbo a mi tequila con kiwi y me levanté para pedirme otro.
Odio esta parte de la noche, cuando toda la gente se concentra en la barra para pedir su dosis de alcohol y te estás horas en la cola para conseguir tu cubata. Volvía ya a mi anterior sitio cuando de repente, me di cuenta de que algo había cambiado desde hacía unos minutos. Justo al lado del sillón donde me había sentado, ahora se encontraba una chica rubia tocándose el pelo. Más concretamente, una de las chicas rubias que habían estado antes sentadas ahí. Hice un trago largo a la bebida y me dirigí hacia allí, dispuesto a decirle algo.
Me senté a su lado y ella me sonrió.

- Hello – me dijo.

- Hola – le contesté en inglés. – ¿Que estás haciendo aquí?

- Oh, solo estoy un poco agotada. Vamos a irnos pronto de Alemania y la faena de la universidad se acumula.

- Ni qué lo digas… ¿Qué estás estudiando? – le solté. Joder, que cagada. Oh vamos, podía ser mucho más ingenioso si me lo proponía.

- Traducción e interpretación. Me es bastante difícil si me encuentro en un país donde no puedo expresarme en mi propio idioma, pero no es un problema. Además, Alemania es muy bonita. – me dedicó una sonrisa. – ¿Estás estudiando tu?

- Sí – le dije. – Estudio periodismo en la otra universidad de la ciudad. Mi padre es periodista, así que bueno, aunque no le vea demasiado supongo que habré heredado algo de él.

Me dedicó otra sonrisa y me dijo tendiéndome la mano:

- Anne.

- Nils.

Estuvimos hablando durante un buen rato. Curiosamente los dos compartíamos cierto parecido en el gusto musical. Me dijo que tocaba la guitarra aunque de momento no sabía mucho. Yo le conté que era músico y que tocaba en pubs de la zona, aunque no aspiraba a mucho más. La conversación fluyó unos minutos más, aunque yo no podía calcular cuanto rato habíamos estado charlando.
Llevaba un vestido rojo pasión que hacía conjunto con el color de su pintalabios. Sus ojos, azules y su tez blanca le hacían parecer una diosa. Le eché una ojeada a su cuerpo vertiginoso y volví hacia arriba, mareado. Entonces se levantó con suavidad y me dijo: “¿Vienes?” A partir de ahí todo sucedió muy rápido. Nos dirigimos hacia la pista y mis pies siguieron los suyos. Sus manos estaban frías aunque no me molestaba para nada y tenía una piel muy suave, moviéndose con total gracilidad. De repente la música cambió, y sonó algo más tranquilo. Me dispuse a ponerme en una posición más cerrada, pero ella sonrió, como si se estuviera riendo de mí. Puso las manos encima de mis hombros y me miró fijamente durante unos instantes y entonces, me besó. Había recibido muchos besos en mi vida, la mitad de ellos ya ni me acordaba y aun así tenía una larga lista de chicas para la otra mitad, pero este era distinto. Me besaba con una magia que en ningún lugar antes había encontrado. Anhelaba cada segundo que había dejado atrás, solo deseaba que no me soltara nunca y tenerla entre mis brazos toda mi vida. Sí, de acuerdo, reconozco que me puse un tanto cursi, pero os juro que un beso así solo lo recibes una vez en tu vida, y justo en ese momento estaba en la cima de mi felicidad.
Anne me soltó cuando se dio cuenta de que me faltaba el aire y me acarició la mejilla con la yema de los dedos. En realidad yo estaba flipando. Tenía delante a la chica más guapa de todo el local y lo único que hacía era quedarme quieto delante de ella. Debía moverme si quería aprovechar el tiempo. La noche es demasiado corta cuando tienes en tus brazos a un monumento así. La cogí de la mano y me la llevé. Sí, lo estáis leyendo bien. Me fui con ella de Da2 y nos instalamos en mi coche. La besé una vez más y le pedí dónde quería ir.

- He venido con el metro, así que tus mandas. – Dudé un instante; ¿que se suponía que debía hacer con una finlandesa? Entonces ella se dio cuenta de mi desconcierto y se acercó otra vez a mí para besarme. Nos llevó un rato volver a la realidad y cuando lo hicimos, soltó esas palabras que hacía rato que esperaba:

- Llévame a tu casa.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Segundo capítulo

Sunday me llamó horas más tarde. Le picaba la curiosidad si yo también iba a ir hoy en el encuentro internacional más esperado de los últimos días.

- Hombre, qué raro que no hubieses llamado antes… Bueno, entonces disculpas aceptadas… Sí, voy a sacar la nariz por allí a ver que se cuece… No te rías de mi, solo se lo que Lucas me ha contado… ¿Cómo coño lo hace Marvin para enterarse de todo?... Intento cocinarme algo, pero estoy teniendo serios problemas con la salsa… Sabes que la cocina no ha sido nunca mi fuerte… Ja, ja, que chistosa eres. Anda y piérdete… Gracias, hablamos luego. Si ves humo cerca de mi casa llama a los bomberos… Cuídate, besos.

Es increíble como las mujeres intentan dominar todas las situaciones. Sunday se había puesto histérica al saber que yo también iría al encuentro de las chicas polares. ¿Qué diablos ocurría con todo este asunto que movilizaba a todos mis amigos?
Se me estaba haciendo tarde, tenía que ducharme y arreglarme un poco para no parecer un transeúnte singular. La pasta ya casi estaba y la salsa olía de maravilla. Cogí la cantidad necesaria para alimentar a mi hambriento cuerpo y devoré los espaguetis mientras pensaba en los hechos que nunca podrían ocurrir en mi vida.

La noche llegó enseguida. Me había dado tiempo de todo, o casi todo, ya que los platos se quedaron en la cocina, esperando que alguien los lavase. Habíamos quedado en la entrada de “Da2”, así que cogí mi Golf y marqué en mi GPS rumbo hacia el local. El pobre ya se lo sabía de memoria y no entendía como no me sugería otros lugares donde trasnochar.
Cuando llegué ellos ya estaban allí, y no precisamente solos. Las chicas se habían unido al encuentro y entre ellas Sunday, que me observaba con una mirada juguetona. Esta noche no iba a escaparme de sus burlas. Marvin nos informó de la situación mientras nos dirigíamos hacia la entrada.

- Hace un par de días hablé con Mark, mi amigo que estudia en la otra universidad, y me contó que las chicas del erasmus iban a pasar la noche aquí.

- ¿Viene Mark con nosotros hoy? – pregunté.

- Mark tiene novia, tío. ¿No te acuerdas de esa morenaza que nos presentó una vez? – soltó Jens.

- Era una diosa, joder! – comentó entre saltos Till.

- ¿Y que pasa conmigo, cariño? – dijo Sue, irritada.

- Oh, cielo, tu eres mucho mejor que eso…! – y se lanzó encima de ella mientras todos nos reíamos. Sue y Till eran la pareja más peculiar que había visto en mi vida.

Después de una cola bastante larga conseguimos entrar. Esa noche el ambiente estaba bastante sobrecargado, algo que no facilitaba las cosas y que me hizo bajar mi moral enseguida. Sunday e otra chica fueron a pedirnos la bebida, y volvieron cargadas de vasos con líquidos de todos los colores. Cogí el mío y le eché un sorbo a mi tequila con kiwi. Parecía que el tío se había divertido echando alcohol.
Sunday se acomodó a mi lado y me lanzó una mirada de advertimiento. ¿Qué es lo que quería esta vez? ¿Porqué siempre intentaba protegerme y controlarme como si fuera mi madre? Eso me hizo ponerme de mala uva y mis ganas de pasarlo bien cayeron hasta el suelo, rebotando las unas contra las otras.
Y de repente, llegaron. Debían ser unas diez u once chicas por lo menos, altas, rubias y, por lo que suponía, con los ojos azules. Podía leer en sus miradas la curiosidad de algo nuevo y sus ganas de fiesta irradiaban por todo el local. Marvin se levantó de golpe y se dirigió hacia ellas mientras se peinaba su rizado pelo y se subía el cuello de la camisa. Ellas parecían conocerlo porqué se pusieron a hablar, en inglés por supuesto, en seguida. Algo tenía que reconocer, Marvin era todo un fiera en este tema. Controlaba cada uno de los pasos que debía hacer para tirarse a una chica.
Marvin señaló hacia nuestra dirección y las acompañó hasta nosotros. Todos nos levantamos. Me dispuse a regalar un par de besos a cada una de las chicas y a memorizar sus nombres mientras soltaba un sordo hello a cada una de ellas. Parecían simpáticas, o al menos eso creía. Estuvimos hablando un rato hasta que nuestras cabezas se cansaron de traducir constantemente. Y entonces empezó todo. Christopher se levantó y le pidió a una de las chicas si quería dance, dance con él. La chica sonrió y le cogió de la mano. Instantes después, Marvin se levantó e hizo lo mismo que su compañero, y así Thomas, Jenz y Lucas. Yo me quedé observando como todos se iban. Como no había suficientes hombres, las otras chicas se levantaron en busca de fiesta en otro lugar del local. Till y Sue también se desacomodaron y se dirigieron a bailar. Aun así, Sunday seguía a mi lado y me observaba con curiosidad. Debía mover ficha si no quería pasar la noche solo.

- ¿Es que no vas a pedirle a ninguna chica para bailar?

martes, 3 de febrero de 2009

Primer capítulo

El teléfono sonó de repente. Me levanté de golpe, chocando con todas las sillas y obstáculos varios que había en el comedor hasta que lo cogí. Era Lucas, y parecía muy divertido.
- Que hay tío… Solo estaba tumbado… No me paso el día durmiendo, sabes que por las noches trabajo… A ver, suéltalo ya… Haha, ¿tiene pensado Marvin ir hoy?... Está majara, hace días que lo planeaba… No se, no tengo muchas ganas de salir esta noche… No insistas, tengo ya mi edad para decidir sobre esto… Bueno, está bien, ya te diré algo… Nos vemos, cuídate.

Al parecer, Marvin, el fiestero del grupo, se había enterado de que este fin de semana iban a venir en “Da2” unas chicas de Finlandia. “Da2” era el local donde solíamos ir siempre de fiesta. Era grande aunque íntimo y acogedor, y la música tampoco estaba del todo mal. El chico tenía una especial habilidad para oler a chica fácil de la cual todos nos habíamos aprovechado alguna que otra vez. En realidad, gracias a él y a Lucas había pasado las noches más locas de toda mi vida.

Lucas era mi mejor amigo. Le conocía desde el instituto y nuestra amistad había evolucionado de forma evidente a partir de entonces. Confiaba en él tanto como para dar mi vida. También estaban Till, Thomas, Jens, Cristopher y Sunday. Oh, mi pequeña Sunday. Tan ruda y a la vez tan dulce. Siempre había sido mi punto flaco. Creo que me enamoré de ella al instante en que la vi, a las puertas de aquel bar, hablando con sus compañeras y rompiéndose a carcajadas con un vestido rojo. Sunday siempre se había alejado de mí por miedo a quedarse totalmente atónita. Creo que ella también estuvo completamente loca por mí en su tiempo, pero eso hizo que me replanteara el asunto y dejara de verla como mi chica ideal. A partir de ahí Sunday se convirtió en más que eso. Pasó de ser mi compañera a mi más fiel amiga. Ocupó mi conciencia en mis más lúgubres días y me salvó el culo en más de una vez. Y yo hice lo mismo por ella, o al menos lo intenté.
Sunday no solía salir mucho con nosotros, ella tenía su propio grupo y se unía a nosotros solo en esas noches en que su compañía era necesaria. Su mejor amiga era Sue, la nena de Till. Los desesperados intentos de Sue y Till para juntarnos fueron nulos en todas las ocasiones. Aun así creo que no hubiera funcionado ni que le hubiésemos puesto ganas.

Finlandesas… ¿Qué estarían haciendo en Köln? Y lo más importante… ¿Cómo se había enterado Marvin?
La ciudad estos días estaba completamente blanca. La nieve caía pesadamente encima de nuestras cabezas y a mi me entristecía verlo. Me recordaba a mi madre, antes de que muriera de cáncer. Siempre que podíamos nos cogía a mi hermana y a mí y nos llevaba a patinar encima del hielo que se formaba en las plazas. No es que fuese muy interesante, pero mamá siempre había conservado especial relación con el frío y la nieve, así como todo lo helado. Un día nos dijo que si nos sentíamos solos, un oso polar estaría pensando en nosotros. Aun recuerdo a mamá contándonos esas historias y en como le brillaban los ojos a mi hermana. Al fin y al cabo era todo lo que me quedaba de ella.

En realidad no tenía muchas ganas de salir esta noche. Últimamente todas las fiestas estaban resultando iguales, sin mucho entusiasmo, y estaba perdiendo las ganas por las chicas de la zona. Necesitaba dosis nuevas de pasión, y aun así no me veía capaz de tomarlas por miedo a ser sacrificado. Mi vida estaba dejando ese aire de locura que me había caracterizado en otros tiempos. “Oh vamos, Nils, deja de pensar tanto y disfruta!” Me había dicho alguna vez Cristopher. “Al fin y al cabo, cuando te des cuenta de que has desperdiciado tu tiempo no habrá manera de recuperarlo.” Y llevaba parte de razón en todo eso, pero aun así no sabía como ocupar mi tiempo que no fuera en estudiar y trabajar. Cristopher estaba en lo cierto, necesitaba un descanso, borrón y cuenta nueva. ¿Pero cómo? Los cambios no se me habían dado bien nunca y ponerlos en práctica ahora solo haría empeorar las cosas. ¿Pero que diablos estaba diciendo? Mi vida era mi vida, y no podía estar reprimida por una maldita afirmación. Que más daba si me estrellaba, esta noche era mi noche e iba a ser la más especial de todas.
Finlandesas, ¿qué más se podía pedir?